¿Padeciente yo?

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Continuo asimilando datos, conceptos, información de éste nuevo paradigma sobre el abordaje del dolor que se plantea desde la SEFID, donde asistí a su Congreso en Alcalá. Mientras veía de nuevo la ponencia del presidente Rafael Torres Cueco, en éste vídeo:


Ponencia de Rafael Torres en el Colegio de Fisioterapeutas de Andalucía

De repente, sobre el minuto 19.40, salté del sofá y dije… Eureka!! Pero si es lo que me pasa a mi!! Pero vayamos paso a paso. El sr. Rafael Torres en ese momento estaba hablando de la activación de la memoria del dolor, explicándonos el caso de su paciente (intervenida 2 veces quirúrgicamente en rodilla por LCA, rehabilitación de 1 año muy dolorosa…) que mientras recibía el estímulo visual de una persona cayendo golpeándose la rodilla, padecía directamente el dolor en la suya, recordando esa rehabilitación traumática que le quedó almacenada en la memoria del dolor de su cerebro.

Algo similar me pasa a mi, fui intervenido de una hernia inguinal del lado izquierdo cuando tenia tan sólo 6 años, y no tengo recuerdo alguno de si realicé rehabilitación alguna o no. El tema es que como tratamiento me recomendaron no realizar esfuerzos, saltar o cualquier otra actividad que implicara una hiperpresión abdominal (es lo que le han pautado a una hija de una paciente mía, así que porqué yo no iba a ser menos). Siendo niño, y yendo al colegio, desconozco bastante si cumplí con la prevención de ello, pero seguramente a esa edad, lo que menos apetece es realizar reposo.

Pero a lo que voy, hoy día, 21 años después, sigue molestándome siempre y cuando sucede un hecho específico que me despierta ese malestar, como son ver intervenciones quirúrgicas, caricias en esa zona o simplemente pensar en una hernia. A todo ello, mi explicación, sin conocer todo ese paquete informativo que ofrecieron en el congreso, es que tenia hipersensibilización de la zona, una mala cicatrización que en cuanto realizara algún movimiento brusco podría despertar ese dolor, pero no sabía porqué al pensar en ella me despertaba esa sensación extraña.
No es fácil describir la molestia que siento, pero la imagen que se genera en mi mente es como si tuviera una mano en el lado de la cicatriz que no se ve, y estuviera jugueteando entre sus dedos con las vísceras de esa zona. Aparece como os digo, cuando pienso en ello, veo operaciones o simplemente rozan la cicatriz.

Hoy día, con todo lo que me he informado, sé que es un proceso de sensibilización central, los tejidos no están dañados (la cicatriz es pequeña, limpia y sin adherencias), y sé que la molestia que siento hacia ella no tiene lógica alguna que continúe existiendo aunque la genere mi cerebro.
Aún sabiendo que esas sensaciones provienen del cerebro y van hacia la zona intervenida, la percepción que tengo en mi cuerpo es que no tiene origen en ese órgano, sino que se originan en lo más interno de mi ser, como si formara parte de mí. No sé si me explico, mi yo personal me dice (cuando hay un estímulo visual, táctil o de pensamiento), que me cubra, que me proteja, que huya o escape de esa situación para no continuar lastimándome, dejando a veces de lado cosas tan importantes en tu vida como sería el poder disfrutar de las caricias sin estar padeciendo o pensando en la maldita cicatriz. Es lo que haces de forma espontánea, huyes del dolor, huyes de las malas vivencias y percepciones nocivas para no padecer, retiras la mano del fuego para no acabar peor, huyes…

Actualmente, tras el bombardeo informativo sobre los procesos de sensibilización central, neuromatriz que genera respuestas a estímulos según su vivencia y conocimientos sobre procesos nociceptivos, dolores reales en un cerebro hipervigilante que necesita restablecer sus señales de alarma acordes a sensaciones percibidas… Debo retomar el camino, ¿pero cómo?
Eso es lo que me toca comprender, estudiar, razonar, y finalmente actuar, tanto a nivel profesional como personal.
Estoy empezando, creo que de la mejor manera, leyendo a sus precursores, Arturo Goicoechea en su blog y a la SEFID en su blog, su ayuda es fundamental para esas personas que padecen dolores crónicos que proceden desde lo más interno de su ser, de su cerebro hipervigilante, como al fin y al cabo, el mío. Necesito un cuento analgésico.

Cuentos analgésicos, de Carlos López Cubas

Cuentos analgésicos, de Carlos López Cubas

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Posted by FisioAso   @   8 febrero 2012 6 comments
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6 Comments

Comments
Feb 13, 2012
11:18
#1 arturo goicoechea :

El camino no es fácil pero merece la pena.

Sin prisa pero sin pausa.

¡Suerte!

Feb 13, 2012
17:53
#2 Fisioaso :

Muchas gracias Arturo, por muchas cosas. Lo primero por interesarse, lo segundo por leerme, lo tercero por sus deseos y consejos. No quisiera que se lo tomara como peloteo, pero está mostrando un camino que hay que seguir, gracias a su pedagogía (y ahora me refiero la que ofrece al colectivo de la fisioterapia) continuamos reciclándonos. Gracias a ello,podemos ayudar a esos padecientes puesto que estamos en contacto con ellos a diario.
Creo que la mejor manera de transmitir y enseñar es antes pasar por una experiencia personal relacionada con ello, y mi cerebro bayesiano me brinda la oportunidad de poder aprender sobre ello.
Espero tener como guía a Carlos Castaño, al que le vuelvo a dar las gracias por supervisar mis acciones.

Feb 28, 2013
20:49

Gran entrada David. Como bien dices, cuando termines de reeducar a tu cerebro, habrás aprendido lo que no s ve en los blog, libros ni cursos… Esa experiencia te ayudara mucho con tus pacientes como a mi me ayudo mi cicatriz abdominal para quitarme, según el médico una mancha. Se constante y disfruta con cada paso y cada cambio. Un abrazote

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